P. ¿Qué te decidió a impulsar el proyecto de aprovechamiento alimentario en las escuelas de Barcelona?
R. Queríamos terminar de cerrar un círculo. Desde el Ayuntamiento de Barcelona hace tiempo que impulsamos un programa educativo sobre la prevención del desperdicio alimentario en los comedores escolares que se llama «Nos lo comemos todo». En este programa, el alumnado, a través de unos alimentos protagonistas y tras conocer de dónde vienen o cómo se producen, pesa lo que se ha servido y lo que se ha desperdiciado y analiza qué impacto se ha generado y cómo se habría podido evitar.
Por tanto, con el programa “Nos lo comemos todo” cubrimos la prevención del desperdicio alimentario. El siguiente paso era qué hacer con toda la comida sobrante que, a pesar de realizar acciones para no desperdiciar, no se había podido evitar. Por eso, crear un proyecto para poder aprovechar los excedentes alimentarios en los comedores escolares era acabar de cerrar el círculo para reducir al máximo los residuos provenientes del desperdicio.
Por todo ello, este curso decidimos realizar una prueba piloto con 10 escuelas que quisieran sumarse a este reto tan estimulante y empezar a trabajar por el aprovechamiento de sus excedentes alimentarios.
P. ¿Qué aspectos clave crees que puede tener?
R. Desde el inicio del proyecto hemos querido priorizar que el aprovechamiento de los alimentos se canalizara hacia la propia comunidad educativa. Por un lado, porque se facilita la logística de recogida de los alimentos y el retorno de las fiambreras. Y por otro, para poder romper con el hecho de asociar el aprovechamiento alimentario a pobreza, e incorporar la mirada ambiental. Queremos que los alimentos se aprovechen porque ambientalmente es una aberración tirar lo que nos ha costado tanto preparar y producir (con una ocupación del espacio agrícola, con consumo de agua de riego, con el trabajo de muchas personas agricultoras y cocineras, con consumos de combustible de los transportes y la preparación de los alimentos y tantos otros gastos…). También queremos que se aprovechen porque debemos reducir los residuos que generamos, cuya gestión también tiene consecuencias ambientales, especialmente si no se tiran donde toca.
Por tanto, para mí un aspecto clave es conseguir que las escuelas participen con valentía e impliquen a toda la comunidad escolar y a las familias para que aprovechen estos alimentos que si no se tirarían a la basura.
También pienso que este proyecto puede tener un gran potencial educativo en el que el alumnado tome conciencia de la importancia de prevenir el desperdicio alimentario. Por tanto, otro aspecto clave es conseguir que las escuelas aprovechen este proyecto e incorporen la vertiente educativa que puede tener, implicando a los niños y haciéndoles partícipes de la manera que les parezca más idónea.
P. ¿Cómo encaja dentro de la estrategia del Ayuntamiento en lo que respecta a reducción de residuos y también a la alimentación sostenible?
R. Este proyecto encaja completamente en la estrategia del Ayuntamiento de Barcelona y es una acción prevista en nuestros instrumentos de planificación.
Por un lado, en Barcelona tenemos el Plan Residuo Cero 2021-2027, que incluye 2 líneas estratégicas relacionadas con el desperdicio alimentario, una que es la prevención del desperdicio y otra que es la redistribución de los excedentes alimentarios, que incluye acciones concretas para establecer redes de aprovechamiento en grandes generadores como son los centros educativos.
Y, por otra parte, también tenemos la Estrategia de Alimentación Saludable y Sostenible Barcelona 2030, que en su objetivo 5 también incluye la prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario.
P. ¿Qué importancia tiene para ti que el aprovechamiento en las escuelas se haga con envases reutilizables?
R. Para mí es un tema de coherencia. No podíamos realizar un proyecto para la reducción de los residuos orgánicos, generando más residuos plásticos. Por tanto, debíamos evitar el uso de envases de plástico desechables, y vimos la necesidad de facilitar envases reutilizables en las escuelas. A cada una de ellas les cedemos una cantidad de fiambreras determinada en función de sus necesidades.
Otro reto del proyecto también será hacer que estas fiambreras regresen a la escuela para que vuelvan a ser usadas.
P. ¿Cuál sería el siguiente paso una vez terminada la prueba piloto?
R. Si el aprovechamiento alimentario en estas 10 escuelas funciona correctamente, nos gustaría hacer extensivo el proyecto y que otras escuelas se sumaran al mismo para llegar, en un futuro, a la situación ideal de que todas las escuelas de Barcelona reaprovecharan sus excedentes alimentarios.
P. ¿Quieres añadir alguna cosa?
R. Hacer este proyecto de la mano del programa Pont Alimentari impulsado por Rezero y Fundación Banc de Recursos nos da mucha seguridad y confianza por su larga experiencia en aprovechamiento de alimentos.
Este proyecto supone una oportunidad para las escuelas para tomar conciencia de sus excedentes e implantar medidas de ahorro; por los valores éticos, sociales y ambientales que puede transmitir a su comunidad educativa; además de poder dar cumplimiento a la ley de prevención del desperdicio que les obliga a realizar un plan y llevar a cabo medidas de reducción.
De momento el proyecto ha tenido muy buen recibimiento por parte de las escuelas y tenemos muchas ganas de ver sus primeros resultados.

